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de Perlas
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Punto, El Punto y el Círculo |
Estadão
Christina Oiticica exponiendo en dos países
París
y Berlín son las ciudades en las que la artista plástica muestra
sus telas y objetos
París - Fue por mero disfrute como la artista plástica
Chritina Oiticia comenzó a recoger tarjetas en sus viajes por el
mundo: de embarque, de visita, de crédito, de teléfono,
de llaves de hotel (tarjetas plastificadas), etc., etc. Al cabo de diez
años de coleccionismo, acabaron sirviendo de depósitos indiscutibles
de recuerdos e imágenes recurrentes por la fuerza de las sorpresas,
las fantasías y los desafíos vividos.
Entre todas, cierta tarjeta (telefónica, de Alemania) ilustrada
con una boca misteriosa, de carnosos labios muy moldeados, le inspiraría
a la artista la creación de toda una serie de telas, esculturas
y objetos, serie definida ahora por la crítica europea como sinfonía
luminosa de bocas, varias piezas de la cual también se transforman
en rosas y corazones. En sus trabajos, Christina combina las técnicas
tradicionales de pintura con recursos gráficos proporcionados por
ordenadores.
El conjunto de sus nuevas creaciones está siendo exhibido simultáneamente
en París y en Berlín, en dos exposiciones con el mismo nombre,
Recorridos, Recogidos, y alcanzando el mismo éxito
obtenido en Bruselas, donde la muestra se presentó en octubre.
En París, la mayoría de las cuarenta telas de diferentes
dimensiones y precios (entre 50 y 900 dólares) y de los objetos
modelados en cuarzo y jaspe (a 500 dólares cada uno) fue adquirida
por personajes como la emperatriz Farah Diba, la princesa jordana Haya
Bin Hussein, o el escritor Jean d´Ormesson, de la Academia Francesa,
ya en la apertura de la muestra en la Galerie Debret, próxima a
los Campos Elíseos.
En el concurrido vernissage, en pleno incendio de bocas, rosas
y corazones, tanto pintados como esculpidos en rojo encendido, la artista
fue abordada por críticos franceses, particularmente interesados
en si su marido, Paulo Coelho, ejercía alguna influencia sobre
su alquimia creativa.
Muy natural, Christina confirmó la influencia de Paulo, sobre todo
en la dimensión de la simbología religiosa, que impregna
la obra literaria de su marido, yo también guardo culto,
aunque a mi manera, a los mismos signos, pues también soy muy mística.
Añadió que él siempre le da consejos intuitivos sobre
colores y formas, lo que la llevó a descubrir los Pirineos, y el
placer y la utilidad de pintar al aire libre, pues la naturaleza, con
sus luces, matices y relieves acaba interfiriendo en las composiciones.
Además, estamos casados hace veintidós años,
y es natural que haya una influencia recíproca.
Tampoco mostró ninguna vacilación cuando le preguntaron
si no tomaba prestada un poco de la fama de Paulo para retocar
su trabajo. Respondió que sí que tomo fama prestada
y sí que saco partido, pero de manera positiva y con bastante cuidado,
porque su fama puede abrirme puertas, pero puede ser también un
arma de doble filo. Por lo demás, soy muy simple y desprendida.
El día 23 cumplí cincuenta años, y a esta edad no
está bien volverse arribista; es indecente. Por su parte,
el autor de El Alquimista, ante las preguntas que también se le
dirigieron, elogió calurosamente las creaciones de su mujer: Ella
exprime con sus colores el encantamiento engendrado en cada uno de nosotros
por el placer de vivir.
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