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Jornal do Brasil - Columna de Elvira Vignas
02/12/2004

Experimento y Peligro

Las imágenes originales, documentadas con fotos, no tienen nada de arte. Son bocas, corazones, flores, el sol con sus rayos. Algo convencional y sin sobresaltos, un poquito alegre, característico de la publicidad, de los productos de consumo. Son las imágenes que nos rodean allí donde nos encontremos, casi pornográficas en su ausencia de diálogo, en su utilitarismo inmediato y raso. ¿Quiere un corazón? Aquí lo tiene. ¿Y una boca? Hela aquí. Igual. En serie. Hechas para calmar. Pero no es tranquilizador lo que la Casa Francia-Brasil ofrece en la exposición Las Cuatro Estaciones, de Christina Oiticica.
Muy al contrario.
Las imágenes originales fueron enterradas por la artista hace aproximadamente un año. Ahora han sido desenterradas. Christina Oiticica inventó una especie de mercado de futuros para sus productos. Aquí también hay una entrega total. Pero no a las leyes del mercado, sino a las leyes del tiempo. Éstas, más previsibles que aquéllas, dañaron las telas.
Y quien entra por la pesada puerta de nuestra antigua aduana (el edificio de la Casa Francia-Brasil) se ve cercado por un pos-capitalismo hecho jirones. Muy apropiado. De las mercancías del puerto de al lado sólo restaron las piedras colocadas allí por Grandjean de Montigny en 1819. De los símbolos del consumo pintados por Christina Oiticica, sólo quedaron vestigios reelaborados por raíces y rajaduras. No es la primera vez que Oiticica pinta una cosa y expone otra. Sus imágenes anteriores, de tipos femeninos (negras, indias), de perlas, vestidos viejos, querubines o personalidades de los medios de comunicación, como la Madre Teresa de Calcuta y Juana de Arco, vendían un supuesto e idealizado “universo femenino”. Pero, al igual que su obra actual, ya hablaban del tiempo en este registro suyo tan personal: el tiempo frente al consumo, frente a lo tecnológico y lo que se considera rápido y fácil.
Uno de los dos no resiste. Y éste no es el tiempo.
Con formación en diseño industrial por la Escuela de Bellas Artes y en arquitectura por el Instituto Bennett, Christina interiorizó el concepto de que el arte se aplica y se vende. Acaba de diseñar camisetas para una tienda de modas (ver el texto de arriba). Ya hizo imanes para neveras y cajas de barajas de naipes. No tuvo prácticamente ningún contacto con su primo Hélio Oiticica, famoso por su rechazo al mercado.
Podría pensarse que el resultado anticapitalista de esta exposición suya no ha sido premeditado.
No es así.
Ante la pregunta de si sentía alguna ansiedad esperando el resultado del enterramiento (en bosques, ríos y galerías pluviales urbanas) ella responde que el resultado, sea el que sea, será siempre bueno, porque ella así lo quiere, de la manera que salga. Su vocabulario es otro, el de los mitos y los ritos: la tierra, la naturaleza, la iniciación. Además, al aceptar la colaboración de lo que pasa por sus telas (como los insectos o la lluvia) para la conclusión de sus imágenes sin autor individual, propias de las masas, Christina Oiticica terminó señalando justamente su contingencia; tanto la suya misma como la de sus imágenes. Lo que al fin y al cabo supone una forma de trascendencia.
“Pastoras” son mantelitos de plástico destruidos. La tela principal, la instalación de suelo “Cuatro Estaciones”, tenía diez metros, y hoy tiene apenas nueve. Lo restante se transformó en polvo. La obra “Rosa” se quedó tan fina después de que la tela por detrás de la tinta acrílica se deshiciera, que sólo se conserva tras un cristal. Las “Bocas” son treinta, exactamente iguales en un principio, pero que han quedado irreconocibles con tanta tierra, raíces y cambios de color sufridos en el proceso. Los “Abanicos” se convirtieron en manchas de humedad abstractas. Los “Inviernos” incluyen residuos de hojas viejas junto a hojas pintadas de plateado, lugar común de la representación romántica de las hojas viejas.
Esta exposición comenzó por casualidad. Christina Oiticica vivía en un hotel y necesitaba preparar un encargo ya apalabrado. El olor a pintura incomodaba a los otros huéspedes, y no había espacio para desplegar las telas. Entonces ella fue a un bosque próximo. Era otoño, y de las ramas de los palos borrachos caían las painas sobre la tela. Ella decidió aceptarlas.
“Experimento” y “peligro” tienen el mismo significado en latín.

Christina Oiticica. Casa Francia-Brasil: Rua Vizconde de Itaboraí, 78, Centro. De martes a domingo, de 12:00 a 20:00.




Vea también
   - As Quatro Estações
En prensa:
   - Revista Chiques e Famosos
   - Revista Flash
 


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