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En Calzadilla, encontramos a César, que una vez más nos ayudó a desenterrar los cuadros.
Después continuamos hasta Hospital de Orbigo y allí nos encontramos con Emilio, periodista del Diario de León, que publicó un excelente artículo en este periódico el 25 de julio, día de Santiago. Él quiso conocerme cuando vine a enterrar los cuadros, y ahora quiere estar presente en el momento de desenterrarlos. Le mostré el diario y algunos cuadros de Páramos y de Calzadilla que había enmarcado.
Fuimos a desenterrar los cuadros de Hospital de Orbigo. ¡Quedaron preciosos! Pedro no estaba allí, pero su familia sí que estuvo presente para la ocasión.
Al día siguiente, fuimos a Puente la Reina a montar la exposición del Hotel El Peregrino y a realizar el reportaje de la revista ELLE, con Gema Veiga y el fotógrafo Conrad White. Conversamos durante la cena después de pasar todo el día montando la exposición.
Hice una especie de herbolario, poniendo varios cuadros en forma de paneles. Y al día siguiente salimos para la sesión de fotos, aunque, por supuesto, no tenía ni idea de lo que iba a crear. Además, tenía un lienzo que había comprado en Pamplona, y estaba preocupada porque no conocía aquel material. Ya había tenido problemas con el que llevé a Santo Domingo, San Juan de Ortega y Castrogeriz, pero tenía que trabajar y demostrar toda mi seguridad, pues estaba con una periodista y un fotógrafo que yo no conocía.
Empecé a extender la tela, en las piedras de ese puente tan bonito y tan famoso. Las barritas de acuarela que usaba también eran nuevas, y era difícil conseguir con ellas el efecto que buscaba. Pensé en llevar la tela al río, pero avisté un peregrino, y deseé que caminase por encima del lienzo. Entonces, me quedé esperando a que pasase a mi lado, y mi deseo fue atendido. Después bajé, sumergí la tela en el río, y vi cómo adquiría una textura completamente diferente, quedándose blanda, flexible, y las marcas de las barritas se diluyeron.
Fui a um campo de girasoles y me puse a trabajar con la textura de su centro, usándolo a modo de sello, y finalmente enterré el resultado cerca de El Peregrino.
Esa exposición quedó muy bonita, y mis amigos de siempre estaban allí para ayudarme: Marcelo, Acácio y Orietta.
Mi amiga Suzana también vino a recoger su cuadro, qu se había quedado enterrado en los jardines de El Peregrino. Era una boca y un corazón con el símbolo de María.
EL CAMINO EN JUNIO
19 de junio
Fuimos a la Cruz de Ferro, monumento a Mercurio, uno de los más antiguos
del Camino de Santiago. Todo peregrino tiene que dejar una piedra cuando
pasa por allí.
Vino Tomás y una peregrina que había comenzado el Camino en Le Puy.
Yo había pintado cuatro cuadros y los puse dentro de un corazón hecho con
ramas.
Tomás llegó con su espada y realizó el ritual templario de los cuatro
arcángeles.
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Mientras seguíamos con el ritual, llegó un grupo de ciclistas de Tarbes que
querían saber de quién era el coche con matrícula de la ciudad. Ni les
presté atención, pues estábamos comenzando las invocaciones a los
arcángeles. Después llegó un autobús repleto de turistas, y el guía
gritaba: "¡Saquen la foto y vámonos!". Una locura.
Al final cayó un tremendo aguacero, y la lluvia hizo su trabajo.
Fuimos despu és a Foncebadón para dejar plantados los cuadros en el jardín
de Gaia.
Hoy es 11 de julio, y hace cuatro días mi amigo Acácio me envió el
siguiente mensaje de correo electrónico:
HOLA AMIGAS
ACABO DE RECIBIR una llamada telefónica de ENRIQUE de la bodega de Gaia en
Foncebadón.
En el momento de abrir hoy su restaurante, se dio cuenta de que alguien se
había llevado los cuadros.
La gran piedra que colocamos encima ya no estaba ahí, y la tierra estaba
toda removida.
Él me llamó triste, pidiendo mil disculpas, pero nosotros sabemos bien que
el Camino de Santiago tiene sus PÍCAROS y sus PICARESCAS hace ya muchos
años.
Christina, te sugiero que pintes algo en Foncebadón, que medites sobre el
asunto y decidas lo que vamos a hacer.
También estoy triste porque estos cuadros fueron los de la Cruz de Ferro,
la vez que invocamos a los cuatro arcángeles. Tomás y el resto estábamos
allí, bajo la lluvia, con los turistas, con Naide Peregrina, que había
venido de Le Puy...
Oremos para que esta alma que se llevó los cuadros no tenga problemas.
Conocemos la fuerza de la oración, la fuerza del camino, la fuerza de
Foncebadón y de la Cruz de Ferro... ¡¡¡OREMOS TODOS!!!
En fin, amiga, una triste noticia, pero voy a meditar para comprender EL
PORQUÉ DE TODO ESTO.
De todas maneras, vamos hasta allí. FONCEBADÓN es una leyenda viva de la
que Paulo previó muchas cosas que aún están por llegar.
Un beso,
Acácio.
18 de junio
Fuimos a Hospital de Órbigo. La idea era trabajar en el puente, que tiene
una bella historia: "Un caballero enamorado de una mujer de la nobleza de
la ciudad, que no era correspondido, pasó varios años luchando con los
caballeros que querían cruzar el puente con la intención de pedir la mano
de su amada. Al cabo de varios años, y tras haber derrotado a quinientos
caballeros, finalmente su amada dio el consentimiento y se casaron". Desde
entonces el puente se conoce como Pase Honroso.
Fuimos al refugio de Pedro, que es muy bonito y tiene una galería de
cuadros, algunos hechos por peregrinos que durmieron en su refugio. Él
también organiza todos los años un festival de pintura que es todo un
éxito, con participación de pintores de lugares muy diversos.
Pedro es un entusiasta del Camino, y todo cambió en su vida después de un
problema de salud que tuvo.
Nos llevó hasta un puente maravilloso, nos contó su historia, y me ayudó a
calcar las piedras del camino, en el puente. Algunos peregrinos pasaron
por encima de la tela que había extendido en el puente.
Después bajamos hasta la ribera del río Órbigo y me puse a buscar las
flores de la zona. Hice una serie con dieciséis cuadros.
Vino también un periodista para dar inicio a un reportaje y que volverá
cuando vaya a desenterrar las telas.
Después fuimos a plantar esos cuadros en un lugar especial.
Volvimos al refugio, y tomamos café con todos los peregrinos que había
allí, y con la madre de Pedro, que vino a conocernos.
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Después fuimos a plantar esos cuadros en un lugar especial.
Volvimos al refugio, y tomamos café con todos los peregrinos que había allí, y con la madre de Pedro, que vino a conocernos.
EL CAMINO EN JUNIO
17 de junio
Era domingo, y como este d ía no trabajo, subimos al coche y fuimos a
Astorga.
Después de Astorga, Acácio y yo fuimos a Foncebadón y a la Cruz de Ferro
para ver el lugar donde pondría los cuadros y hablar con otros dos
personajes del Camino.
En Foncebadón hay una leyenda que Paulo escribió en "El diario de un mago",
y que dice que el pueblo, totalmente en ruinas, un día resurgirá de sus
cenizas.
Cuando Henrique empezó a construir su bonito restaurante medieval, los
peregrinos que pasaban por allí decían "Tú estás realizando la profecía de
Paulo Coelho".
Él no entendía de qué hablaban, hasta que un día, en Santiago, compró el
libro "El diario de un mago". Y entonces lo comprendió.
Luego fuimos a un refugio en el que vive Tomás, en Manjarín, cerca de El
Acebo y de la Cruz de Ferro. Tomás era pescatero, y tuvo un sueño en el que
se le ordenó que fuera a vivir al Camino. Ahora realiza rituales con
ropajes de templario y una espada. En invierno, en este lugar la nieve
llega hasta lo alto de su puerta, y los peregrinos siempre son recibidos
con un café caliente y muchas historias.
Regresando hacia Astorga vimos un hermoso arco iris.
EL CAMINO EN JUNIO
16 de junio
Al día siguiente fuimos por la mañana a Calzadilla de la Cueza, y comencé
mi trabajo en el campo, una vez más con las flores locales. Este día vino
Christian, un periodista y fotógrafo austriaco que vive en el Camino.
En un determinado momento, me sorprendieron unas ovejas.
En el trabajo que realicé, numeré las pequeñas telas, que formaban un
panel. No sé cómo haré luego para montarlas, pues necesitaré una pared muy
grande.
Enterré los cuadros en el refugio de Cezar. También vino a ayudarnos Nene,
un hospitalero brasileño.
Después fuimos a Calzadilla de la Cueza para conocer a un personaje del
Camino.
Cezar es un hospitalero, y en su refugio tiene hasta una piscina. Super
cómodo. Al lado tiene una posada con un restaurante que ofrece platos
deliciosos.
Cezar es un cowboy del Camino: dicen que hasta Shirley Maclaine escribió
algo en su libro sobre su encuentro con él. A ella debió recordarle a su
desierto americano y a su John Wayne.
Comimos con Cezar, que nos invitó muy amablemente, y después resolví
comenzar un nuevo trabajo. Había allí un bello sauce llorón, y a mí me
encanta ese árbol, hasta hice que me plantaran uno en St. Martin.
Decidí calcar el relieve del tronco en la tela, y a continuación dividirla
en treinta pequeñas telas, pues ya tenía la idea de continuar trabajando
con las flores primaverales. Volvería al día siguiente para terminar el
trabajo, pues estaba exhausta.
EL CAMINO EN JUNIO
Cuando en junio regresé al Camino, aún no sabía qué trabajo iba a
desarrollar. Llevé telas pequeñas, un rodillo y pigmentos en tonos pastel.
Los lugares para "plantar" los trabajos estaban más o menos programados.
Tenía pocos días para trabajar, pues llegué el 14 de junio y tendría que
volver el 21 del mismo mes.
Llegué a Veloria de Rioja el 14 de junio para juntarme a Acácio, con el que
fui a Carrión de los Condes. Había pensado preparar alguna cosa por la
noche para el día siguiente, pero la inspiración no llegó.
14 de junio
Quedé con Acacio en que dejaríamos algo a la mitad del Camino, donde
paramos. Es un lugar que muchos peregrinos se saltan porque no le
encuentran ningún interés. Se trata de una planicie que en verano se
transforma en un desierto. Cuando hice mi peregrinación en el verano de
1990, todo aquello me pareció de una belleza extraordinaria.
Lo que encontré esta vez fue un inmenso jardín, con bonitas flores de
colores fuertes, como el amarillo, y el rojo de las amapolas. Resolví
trabajar bastante con flores. En ese momento pareció que todo se
desdibujaba alrededor, con toda mi energía concentrada en el trabajo.
Produje diez telas y las dejé enterradas en el medio del Camino. Incluí
entre ellas una tela de boca que había llevado a la Amazonia en 2004 y en
la que una india había intervenido. Me pareció que poner en contacto la
Amazonia de Brasil con el Camino establecería una comunicación muy fuerte.
Camino de Santiago – Marzo de 2007
ALTO DEL PERDÓN
Como en el mes de enero había sido imposible subir al Alto del Perdón y a la Virgen de los Pirineos, regresé en marzo.
En el Alto del Perdón saqué los tres cuadros de la tierra. Eran los cuadros que habían pasado allí el final del otoño y todo el invierno. Me quedé bastante contenta con el resultado.
VIRGEN DE LOS PIRINEOS
En marzo, cuando volví a Virgen de los Pirineos, subimos un día y al día siguiente ya nos sería imposible, pues se puso de nuevo a nevar.
Habíamos hecho una marca azul en una piedra para reconocer el lugar, y la piedra estaba allí.
La tierra es bien roja en ese lugar. Allí estaba el cuadro con la concha, que quedó precioso.
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